Con la llegada del frío aumenta el consumo de gas para calentar el hogar. Por esa razón te queremos dar unos consejos que te ayuden a reducir el consumo y que contribuyan a reducir tu factura y las emisiones. Es decir, unos pequeños consejos para tratar de pagar menos y ser más respetuosos con el medio ambiente, que son dos de los pilares fundamentales de Fusiona.

1. Elegir una temperatura óptima.

 

Disfrutar de un hogar cálido en invierno no significa que debamos ir en manga corta. E igual que en verano hay que ajustar la temperatura del aire acondicionado para que no se eleve la factura de electricidad, en invierno debemos encontrar una temperatura confortable sin necesidad de vestir como si fuera verano.

La temperatura idónea para una casa es de entre 21 y 23 grados. Por debajo de esa temperatura puede hacer un poco de fresco, especialmente si se cuenta con niños, pero a partir de aquí, cada grado que subamos va a aumentar el consumo de energía un 8%. Lo ideal es tener un termostato, indicarle la temperatura y que simplemente se encienda y se apague para mantenerla.

 

2. Ajustar correctamente la temperatura del calentador.

 

La mayoría de las personas se fijan en la temperatura de la casa y no tienen en cuenta la temperatura del calentador. Y es también un elemento de consumo importante.

Cuanto más alto se ajuste la temperatura del calentador más consumo se necesitará para alcanzarla y, en la mayoría de las ocasiones, no es necesario que la caldera llegue a esa temperatura ya que no aporta mayor confort ni un calentamiento del hogar notablemente más rápido. Fija la temperatura entorno a los 45º grados en invierno y al llegar la primavera, si vas a seguir utilizando la calefacción, redúcela hasta 40º C.

 

3. Aprovechar el calor del Sol.

 

En otoño e invierno las horas de luz son menores y la intensidad del sol también, pero es no significa que debamos obviar la energía del sol sino más bien todo lo contrario.

En los meses fríos debemos tratar de aprovechar el calor del sol abriendo persianas y retirando cortinas para que sus rayos penetren en la casa, la calienten ligeramente y evitar o reducir así el uso de la calefacción durante algunas horas al día.

 

 

4. Aislamientos: puertas y ventanas.

 

En muchas viviendas, especialmente en las de más antigüedad, una buena parte del calor se escapa por puertas y ventanas porque no están correctamente aisladas. Esto hace que baje la temperatura de la casa y que mantenerla caliente suponga un mayor uso de la calefacción y por lo tanto un mayor consumo.

Así que, siempre que se pueda, es interesante aislar muy bien puertas y ventanas. Evitará que se escape el calor de dentro de la vivienda en invierno y que entre el calor de fuera en verano.

 

5. Los radiadores despejados.

 

Sabemos que muchas veces poner a calentar el pijama en el radiador antes de ponérselo es algo muy gustoso y no tienes que dejar de hacerlo. Pero no es nada recomendable utilizar los radiadores para secar ropa ya que bloquea gran parte del calor y ralentiza mucho el caldeado de la casa. Eso supone más tiempo con la calefacción encendida y más consumo.

Del mismo modo, hay que evitar que haya elementos obstaculizando la expansión de calor de los radiadores. Lo más habitual suelen ser cortinas tapándolos o sofás y muebles demasiado cerca, que terminan absorbiendo gran parte del calor y se necesita más energía y mayor consumo para calentar la casa.

 

6. Aire en los radiadores.

 

Seguramente has oído, o incluso realizado en más de una ocasión, eso de purgar los radiadores. Uno de los motivos es que el aire queda atrapado dentro del circuito de agua ocupando su espacio, emitiendo menos calor y provocando que subamos la temperatura del termostato porque “no calienta lo suficiente”. Si purgamos los radiadores para que el agua caliente circule correctamente serán más eficaces y calentarán mejor y más rápido.

 

7. Concentración del calor en estancias y momentos.

 

Este consejo es muy importante especialmente en casas grandes o de varios espacios separados. Normalmente en este tipo de viviendas no estamos utilizando todas las estancias, por lo tanto, no necesitamos tener todas calientes.

Podemos empezar calentando el salón y la cocina o comedor cuando lleguemos a casa y a la hora de cenar. Y, un poco antes de ir a la cama, cerrar las calefacciones de estas estancias que en un rato ya no usaremos y empezar a calentar las habitaciones, donde pasaremos el resto de la noche.

Durante los fines de semana sucede lo mismo. Utilizamos ciertas instancias durante diferentes momentos del día, así que si las vamos calentando un rato antes de estar en ellas tendremos la temperatura de confort sin necesidad de calentar toda la casa durante todo el día.

Tampoco se debe dejar la calefacción encendida cuando se sale de casa. Aunque solo vaya a ser por un rato. Las calefacciones actuales calientan las estancias de la casa en pocos minutos. Así que al llegar las encendemos y evitamos el consumo cuando no estamos porque no es necesario.

 

8. Ducha en lugar de baño.

 

Este consejo aplica al consumo de gas y al consumo de agua. Una bañera contiene aproximadamente 230 litros de agua y, en una ducha promedio, utilizamos entre 15 y 20 litros.

Imagínate la cantidad de gas que se necesita para calentar una u otra cantidad de agua. Es un gasto económico y un consumo de recursos hídricos y energéticos que chocan con la sostenibilidad y con reducir las facturas por consumo.

 

9. Los grifos en posición de agua fría.

 

Muchas veces abrimos los grifos solo durante unos instantes. Momentos en los que no necesitamos agua caliente o que por su corta duración no va a dar tiempo a que se caliente.

Si tenemos los grifos siempre en posición de agua fría evitaremos que el calentador se encienda y consuma gas para calentar un agua que no vamos a llegar a usar y que nos cuesta dinero.

 

10. Ventilación eficaz y medida.

 

Ventilar la casa no significa dejar todas las ventanas abiertas durante 1 hora. Con entre 5 y 10 minutos de ventilación, en función del tamaño de la casa y su capacidad de generar flujos de aire, es suficiente para que renovemos el aire de la vivienda.

Además, si es posible, es mejor ventilar en las horas centrales del día cuando las temperaturas han subido. Así el contraste térmico será menor y evitaremos que descienda mucho la temperatura de la casa.

 

11. Comparar precios antes de contratar.

 

El gas que llega hasta tu casa es siempre el mismo, pero en función de con quién lo contrates pagarás una tarifa u otra, por lo que comparar las tarifas entre compañías es fundamental para abaratar tu factura del gas.

Puedes utilizar un comparador como este y ver cuánto estás pagando actualmente en tu factura del gas y cuánto podrías pagar.